el viento refrescó un poco, y á las 9. de la mañana llegamos al puerto, ó desembarcadero de Corinto—el Oficial de la Aduana a quien hable pr. mi equipaje, me respondió que podia pasar sin registro alguno, y asi fue, tratando con la maior civilidad, y sin tomar dinero—dexé alli todo, y marche á la Ciudad que estará distante algo mas de una milla en busca de alojamiento—efectivamte. mi criado que conosia un comerciante griego de alli, le abló, y este con la mejor voluntad del mundo me hixo preparar una cama al modo del Pais, y me alojó en una Cámara qe. estava sobre su tienda; pr. qe. El ajuar, muger &c. lo tenia en su Casa qe. está en el arravál de la Ciudad algo distante… en fin en una espe. de Chiminea que allí avia preparava de comer el Criado, y asi servia de Cosina, sala, y todo el dho quarto—por la tarde estuve a visitar al Bey, y al Comandante de la plaza, para quienes traia Cartas del Sr. Paul: el Primero me recivio amistosamte., haciendo el cumplido ordinario de Café, pipa &c, y preguntándome á que distancia estava mi Patria, y familia, lo qual oio con tanta admiración que quedo suspenso, y me mirava con admiración; parecíale que era demasiado Joven para avér corrido tanto, y preguntava a mi Criado de que me alimentava comunmte.; quanto dormía &c… y al mismo tiempo otro personage, de varios que le acompañavan, y no estavan menos admirados; pretendía explicarle
El viento refrescó un poco y a las nueve de la mañana llegamos al puerto o desembarcadero de Corinto. El oficial de la Aduana, a quien hablé por mi equipaje, me respondió que podía pasar sin registro alguno, y así fue, tratando con la mayor civilidad y sin tomar dinero.
Dejé allí todo y marché a la ciudad que estará distante algo más de una milla, en busca de alojamiento. Efectivamente, mi criado, que conocía un comerciante griego de allí, le habló y éste, con la mejor voluntad del mundo, me hizo preparar una cama al modo del país y me alojó en una cámara que estaba sobre su tienda, porque el ajuar, mujer, etc., lo tenía en su casa que está algo distante, en el arrabal de la ciudad. En fin, en una especie de chimenea que allí había, el criado preparaba de comer y así servía de cocina, sala y todo, el dicho cuarto. Por la tarde estuve a visitar al Bey y al comandante de la Plaza, para quienes traía cartas del señor Paul. El primero me recibió amistosamente, haciendo el cumplido ordinario de café, pipa, etc. Y preguntándome a qué distancia estaba mi patria y familia, lo cual oyó con tal admiración que quedó suspenso y me miraba con admiración; parecíale que era demasiado joven para haber corrido tanto y preguntaba a mi criado de qué me alimentaba comúnmente, cuánto dormía, etc… Al mismo tiempo, otro personaje de los varios que le acompañaban, y no estaban menos admirados, pretendía explicarle