Colombeia

pequeña idea de la de St. Pedro en Roma… no obstante el interior es grandioso, y bien unido… y la columnada exterior de graciosa proporción, y mui bien executada: 12. columnas de granito oriental, las mas hermosas por su proporción que he visto jamas, la suportan—estas son restos del famoso Palacio de los Reyes de Pergamo, de donde se transportaron aqui; como asi mismo otras quatro de Pórfido (de 32pies de altura según St. Remi) que adornan el interior de la mosquea.... unas y otras todas de una pieza, mas los capiteles son Turcos— mucho sentí no poder contemplar el templo de dentro, sino por la ventana pues los guardianes no me lo quisieron permitir, ni dexarsc seducir pr. el dinero.—Luego al mercado donde venden los esclavos de ambos sexos… mas no me dexaron entrar por ser giaour, sin embargo de ser un Han mui espacioso y avér un millón de gentes dentro—me senté sin embargo á la puerta para ver salir los que compravan, y allí observe varias muchachas sumamte. jóvenes que las ilevavan sus amos, y estavan con unos vestidos extraordiiiariamte. ricos, aunqe. viejos, qe. les ponen para el propósito… estas párese hivan conformes, mas las maiores de edad lloravan—mi fin era ver si descubría la hermosura les circasianas (en esta ocasión avia una gran cantidad de venta) mas no lo puede lograr, siendo defendido a un giaour de comprar, ni ver ninguna.—De aqui pasé a ver los comedores de opio, mas tampoco lo conseguí, porque aviendo solicitado el permiso para entrar en una especie de café, donde estos se reúnen para tomarlo
pequeña idea de la de San Pedro en Roma. No obstante, el interior es grandioso y bien unido y la columnata exterior de graciosa proporción y muy bien ejecutada: doce columnas de granito oriental, las más hermosas por su proporción que he visto jamás, la sostienen. Estas son restos del famoso Palacio de los reyes de Pérgamo, de donde se transportaron aquí, como asimismo otras cuatro de pórfido —de 32 pies de altura, según Saint Remy— que adornan el interior de la mezquita. Unas y otras son todas de una pieza. Mas los capiteles son turcos. Mucho sentí no poder contemplar el templo de dentro, sino por la ventana, pues los guardianes no me lo quisieron permitir ni dejarse seducir por el dinero. Luego al mercado donde venden los esclavos de ambos sexos, mas no me dejaron entrar por ser «giaour», sin embargo, de ser un «han» muy espacioso y haber un millón de gentes dentro. Me senté sin embargo a la puerta, para ver salir los que compraban y allí observé varias muchachas sumamente jóvenes que las llevaban sus amos, y estaban con unos vestidos extraordinariamente ricos, aunque viejos, que les ponen para el propósito. Estas parece que iban conformes, pero las mayores de edad lloraban. Mi fin era ver si descubría la hermosura de las circasianas —en esta ocasión había una gran cantidad en venta— mas no lo pude lograr, pues está prohibido a un «giaour» comprar ni ver a ninguna. De aquí pase a ver los comedores de opio, mas tampoco lo conseguí, porque habiendo solicitado el permiso para entrar en una especie de café, donde éstos se reúnen a tomarlo,