Colombeia

gente de modo se inclinavan con submision, y empresement á besar la ropa de estos negros, en señal de reclamar su protección, al mismo tpo. que ellos (los Eunucos) bacian sus reverencias al Pueblo apoiando la mano sobre el Pecho y retirándola… Noté que entre las guardias avia unos, que llevaban sobre la cabeza un bonete con un grandísimo Penacho de plumas blancas, y me informaron que eran como guardias de Corps.—pasada toda esta bulla, y entrados que fueron á la mosquea, io me entretuve en ver varios grupos de mujeres Turcas que estavan por aquellos aredores á ver la fiesta; y noté asi mismo que traían varios asafates de dulces con mucha curiosidad y aseo… los qe. me informaron ser un presente que acostumbra spre. hacer el granSeñor á los imanes, ó Sacerdotes de la mosquea donde vá todos los Viernes.— Aguardé á ver la retirada que fue á eso de la una, por otra calle qe. Cae al muelle principal de la marina; en el mismo orn. Q. la entrada, tomando luego sus Falúas qe. Son á 13 remos pr. Banda, y 26 rrems. Las del gran Señor, y su hijo… los negros suportados de ambos brazos, por aquellos cortezanos aduladores entraron tambn. En las suias… tuve aquí ocasión de examinar el gran turbante de ceremonia del Gran Señor, cubierto todo de diamantes y piedras preciosas, con una pequeña pluma negra hacia el centro: y tambn. El Jarro para hacerle el café (de Plata, y dorado interiormte.) que colgado de una asta de plata llevava uno al hombro en pompa ó que bellísimo efecto que hacen estas Falúas, y kaikios sobre el agua!... Que ligereza de marcha;
de una y otra parte de la calle, gente de modo, se inclinaban con sumisión y «empressement» a besar la ropa de estos negros en señal de reclamar su protección, al mismo tiempo que ellos —los eunecos— hacían sus reverencias al pueblo apoyando la mano sobre el pecho y retirándola. Noté que entre los guardias había unos que llevaban sobre la cabeza un bonete con un grandísimo penacho de plumas blancas y me informaron que eran como «guardias de Corps». Pasada toda esta bulla y entrados que fueron a la mezquita, yo me entretuve en ver varios grupos de mujeres turcas que estaban por aquellos alrededores a ver la fiesta, y noté asimismo que traían varios azafates de dulces con mucha curiosidad y aseo. Me informaron ser un presente que acostumbra siempre hacer el Gran Señor a los imanes o sacerdotes de la mezquita donde va todos los viernes. Aguardé a ver la retirada, que fue a eso de la una, por otra calle que cae al muelle principal de la marina: en el mismo orden de la entrada, tomando luego sus falúas, que son a trece remos por banda y 26 remos las del Gran Señor y su hijo. Los negros entraron también en las suyas sostenidos por ambos brazos por aquellos cortesanos aduladores... Tuve aquí ocasión de examinar el gran turbante de ceremonia del Gran Señor, cubierto todo de diamantes y piedras preciosas, con una pequeña pluma negra hacia el centro, y también el jarro para hacerle el café, de plata y dorado interiormente, que colgado de un asta de plata llevaba uno al hombro con ostentación. ¡Oh, qué bellísimo efecto el que hacen estas falúas y caiques sobre el agua! Qué ligereza de marcha,