Colombeia

bres estan inmergidos casi siempre en sus negocios mercantiles, y en la intriga Política; cuio espíritu prevalece aqui mas que en otra parte alguna de esta America, sembrado, y cultivado con exilie ro por la Francia. El (8) de Diciembre entró en Philadelphia el General Washington de paso para el Congreso, que se hallava congregado en.Annapolis, a fin de hacer su dimicion en toda forma, aviendo ia tomado posesión de New York, y desbandado el exercito &c… La entrada fue a las doce del dia, en Compañía del ministro de Francia, y sus dos Edecanes Col: Ilumphrys, y Col: Benj: Walker, que venían con él desde New York; el Presidente Dickinson, mr II. Morris, y algunos otros oficiaies Americanos que se hallavan a este tiempo en Philadelphia; y una Compañía de milicias de Caballería, que salieron a distancia de quatro, o seis millas a recivirle—Niños, hombres, y mugercs expresavan tal contento, y satisfacción como si el Redemptór huviese entrado en gerusalem! Tales son las nimias ideas, y sublime concepto que este hombre fortunado, y singular Logra en todo el continente bien que no faltan Philosophos que le examinen a la Luz de la razón, y consivan mas justa idea, que la que el alto, y vaxo vulgo se tiene imaginada —y es cosa bien singular por cierto, que aviendo tanto personaje ilustre en America, que por su virtud
bres están emergidos casi siempre en sus negocios mercantiles y en la intriga política cuyo espíritu prevalece aquí más que en otra parte alguna de esta América, sembrado y cultivado con esmero por Francia. El 8 de diciembre entró en Filadelfia el general Washington, de paso para el Congreso que se hallaba congregado en Annápolis, a fin de hacer su dimisión en toda forma, habiendo ya tomado posesión de Nueva York y dispersado el ejército, etc. La entrada fue a las doce del día en compañía del ministro de Francia y sus dos edecanes, coronel Humphreys y coronel Benjamín Walker, que venían con él desde Nueva York. El presidente Dickinson, Mr. R. Morris y algunos otros oficiales americanos que se hallaban en este tiempo en Filadelfia, y una compañía de milicias de caballería, que salieron a distancia de cuatro o seis millos a recibirles. ¡Niños, hombres y mujeres expresaban tal contento y satisfacción como si el Redentor hubiese entrado en Jerusalén Tales son las nimias ideas y sublime concepto que ese hombre afortunado y singular logra en todo el continente… bien que no faltan filósofos que lo examinen a la luz de la razón y conciban más justa idea que la que el alto y bajo vulgo se tiene imaginada. Y es cosa bien singular por cierto, que habiendo tanto personaje ilustre en América que por su virtud