Colombeia

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Las discusiones silogísticas están pasando de moda y han sido reemplazadas por arengas animadas sobre la libertad, la tolerancia, el elogio de personajes que se hayan distinguido por su independencia mental, virtud extraordinaria y amor por la humanidad. Se empeñan en recordar el genio de pasadas generaciones así como de los muertos y aquí no es infrecuente entre los estudiantes el esforzarse en alabar a aquellos grandes hombres, aquellos mortales favorecidos, quienes compartieron ese rayo de la divinidad que llamamos genio, en quienes la Providencia delegó el poder de impartir a sus semejantes aquella instrucción que el cielo desea para el provecho universal. Y así se ve a la apiñada multitud de ambos sexos aplaudir a los jóvenes oradores, mientras ellos se esfuerzan en perpetuar los nombres venerables de Bacon, Newton, Milton, Sidney, Locke y Montesquieu. La revolución americana, la causa y sus principios, jamás son omitidos, ni los héroes que cayeron en apoyo de ella. Las discusiones religiosas son menos frecuentes que anteriormente y cuando se entablan parece que han sido iniciadas sólo como ejemplos de aquella afabilidad, cortesía y liberalidad de sentimiento con que son dirigidas, que debería utilizar el hombre cuando cree oportuno discutir es: punto importante, que nuestra propia constitución expresa ser un asunto sólo entre Dios y el individuo, y que, por consiguiente, no está sujeto a ningún tribunal terrestre. Durante estas reuniones públicas, podemos a veces enterarnos del progreso de la civilización desde la época en que este colegio fue fundado hasta el presente, i. e., desde aquella época en que el salvaje rojo estaba en pie, temblando en la playa del océano y temblando