por lo que toca no estava Vm. en la Ciudad tengo seguro haverlo oido á barios, con cuio motivo creo satisfago su papel de Vm., y aseguro es esto constante, como qe. En todas ocasiones le quedo su mas Afto. Pidiendo á Dios le gue. Ms. As. Havana 23 de fevo de 1783. Bl. M. de Vm. Su mas sego serbr. Miguel Anto Herrera.
Muy señor mío: Con fecha de 11 del presente mes se sirve Vm. Manifestarme que para sincerar su crédito y reputación acerca de los informes que han dado a la Corte algunos sujetos de esta ciudad, desafectos a la persona de Vm., con el motivo de la llegada a esta Plaza del General Campbell del año de 81, cuando viajaba de Pensacola a Nueva York con otros prisioneros de guerra, y el incidente que ocurrió de haber visto dicho General alguna fortificación, me ruega Vm. Que en honor de la verdad, le exponga yo lo que sepa en el particular, y lo ejecuto gustoso.
El mismo día de la llegada a esta Plaza del General Campbell fue convidado con sus oficiales a comer en la casa del Excmo. Señor Don Juan Manuel de Cagigal, Gobernador y Capitán General de esta Isla, donde me hallaba de semana como uno de sus Ayudantes. Concluido el convite le cedió S.E. su coche para que fuese a paseo y le acompañó Don José Montesinos, soldado distinguido que entonces era del Regimiento fijo de La Habana. La misma noche en todo el pueblo, y el siguiente día a la hora de la orden en la concurrencia de los Ayudantes de los Cuerpos, se publicó que el referido Montesinos había llevado al General Campbell al Castillo del Príncipe y manifestádole toda la obra, cuyo incidente nos sorprendió a todos, y no lo extrañamos tanto por Montesinos, que lo haría porque se le puso en la cabeza, pero sí culpamos en todo al oficial del destacamento e ingeniero de la obra que nunca debían permitírselo.
Tengo bien presente que Vm. No se halló aquel día en el convite por estar en el campo, y también me acuerdo de que cuando llegó a su noticia este suceso, no lo llevó a bien. Es cuanto puedo decir a Vm. En el particular de que trata la carta citada, y ofreciendo a Vm. Mi fina voluntad quedo rogando a Nuestro Señor guarde su vida los muchos años que deseo. Habana, 20 de febrero de 1783. B.L.M. de Vm. Su más atento seguro servidor. Diego Barrera.
por lo que toca no estaba Vm. en la ciudad, tengo seguro haberlo oído a varios, con cuyo motivo creo satisfago su papel de Vm. y aseguro es esto constante, como que en todas ocasiones le quedo su más afecto, pidiendo a Dios le guarde muchos años. Habana, 23 de febrero de 1783. B. L. M. de Vm. su más seguro servidor.
Miguel Antonio Herrera.
Muy señor mío: Con fecha de 11 del presente mes se sirve Vm. Manifestarme que para sincerar su crédito y reputación acerca de los informes que han dado a la Corte algunos sujetos de esta ciudad, desafectos a la persona de Vm., con el motivo de la llegada a esta Plaza del General Campbell del año de 81, cuando viajaba de Pensacola a Nueva York con otros prisioneros de guerra, y el incidente que ocurrió de haber visto dicho General alguna fortificación, me ruega Vm. Que en honor de la verdad, le exponga yo lo que sepa en el particular, y lo ejecuto gustoso.
El mismo día de la llegada a esta Plaza del General Campbell fue convidado con sus oficiales a comer en la casa del Excmo. Señor Don Juan Manuel de Cagigal, Gobernador y Capitán General de esta Isla, donde me hallaba de semana como uno de sus Ayudantes. Concluido el convite le cedió S.E. su coche para que fuese a paseo y le acompañó Don José Montesinos, soldado distinguido que entonces era del Regimiento fijo de La Habana. La misma noche en todo el pueblo, y el siguiente día a la hora de la orden en la concurrencia de los Ayudantes de los Cuerpos, se publicó que el referido Montesinos había llevado al General Campbell al Castillo del Príncipe y manifestádole toda la obra, cuyo incidente nos sorprendió a todos, y no lo extrañamos tanto por Montesinos, que lo haría porque se le puso en la cabeza, pero sí culpamos en todo al oficial del destacamento e ingeniero de la obra que nunca debían permitírselo.
Tengo bien presente que Vm. No se halló aquel día en el convite por estar en el campo, y también me acuerdo de que cuando llegó a su noticia este suceso, no lo llevó a bien. Es cuanto puedo decir a Vm. En el particular de que trata la carta citada, y ofreciendo a Vm. Mi fina voluntad quedo rogando a Nuestro Señor guarde su vida los muchos años que deseo. Habana, 20 de febrero de 1783. B.L.M. de Vm. Su más atento seguro servidor. Diego Barrera.