al Señor Virrey del equivocado concepto que hubiese podido formar por siniestras sugestiones. Y. V. S. I. mismo reconoció esta obligación, cuando por medio de Don Joaquín de la Trinidad aseguró a uno de nosotros en Zacatecas, que no había tenido parte alguna en la disposición de arrestarnos y que apenas llegase V. S. I. a México, informaría a S. E. en favor nuestro.
Pero el haberse V. S. I. olvidado, o de propósito excusado de cumplir una obligación a que le estrechaban las leyes divinas y las humanas, no es todavía la causa principal de nuestros justos sentimientos. Incomparablemente mayor motivo de quejarnos, poniendo el grito en el cielo para admirar a todo el mundo, nos da el saber positivamente que V. S. I. mismo fue la causa de la rigurosa e injusta persecución que hemos padecido. Si careciéramos de infinitas pruebas las más demostrativas de tan extraño procedimiento, no nos atreveríamos a proferirlo, temerosos de adquirir desprecios en vez de crédito. Porque, Señor Ilustrísimo ¡cómo podía creerse ni pensarse de un Visitador General de los Tribunales del Reino, restablecedor por su instituto de la justicia, recto observador de las leyes, modelo de buenos jueces y sereno corrector de las iniquidades y desórdenes, que sin suficiente causa emplease estas grandes cualidades y poder contra nosotros, para que fuésemos tratados y llevados como facinerosos, habiendo sido unos Dependientes suyos y honrados que siempre estuvimos dedicados a ayudarle a asistirle en sus más penosos trabajos? Sin embargo este extraordinario fenómeno lo ha visto el mundo en los tiempos presentes bien a costa nuestra.
Hay pocos que ignoren lo que se escribió al Señor Virrey desde Chiguagua y desde el Valle de San Bartolomé; y que ese Betlemita, lego por todos títulos menos en el arte de iniquidades, cuyo espíritu inquieto y altivo no omite arbitrio por ilícito que sea a fin de vivir lejos de sus hermanos y de la observancia de la regla profesada, avisó desde los propios parajes a S. E. que nada había encontrado que curar en V. S. I., y mucho en sus Dependientes, siendo así que él mismo en fuerza de lo que vio hacer y decir a