Colombeia

explained—one of Philip the second of Spain signing the charter of The Seven Provinces, is very good. On the 15th. Visited the CityHouse Arsenal, it is adorned with trophies of war,—Rutter's armour and a variety of Spanish armour — of officers and soldiers—it contains 16.000 muskets and a great number of swords in good order—they shew here the arms and sliding ladder of Shanco, a noted robber of Hamburgh, taken here—and here is also a deposit of instruments of torture which are in some cases now made use of—great clock a curiotity—met with Langbourndined with Mr. Hope—visited cromiline—got letters of introduction from him to Breslaw, and others to Berlin from Van Staphirst—called on Wil. And Jan Willenk—decent men—went to the end of the Meer to visit the countryseat and garden of the late Widow Bieren, but were refused admittance—this was not the first time, the Dutch in this as well as other circunstances, do not burthen strangers with civility—Langbourn stopped and shewed us the curiosity
más elegantes. Uno de Felipe II de España, firmando los Fueros de las Siete Provincias es muy bonito. 15 de agosto. El día 15 visitamos la Casa Consistorial de Ámsterdam, —es un edificio soberbio decorado con gran gusto y elegancia y se dice que es la primera de su género en el mundo — el arsenal, adornado con trofeos de guerra, la armadura de Ruyter y una variedad de armaduras españolas de oficiales y soldados; contiene 16.000 mosquetes y un gran número de espadas en buen estado. Aquí exhiben las armas y la escalera corrediza de Shanco, un conocido ladrón de Hamburgo, capturado aquí, y también un depósito de instrumentos de tortura que en algunos casos son usados hoy en día. Gran reloj, una curiosidad. Nos encontramos con Langbourn; almorzamos con el señor Hope, visitamos a Cromiline, nos dio carta de presentación para Breslau y el señor Van Staphirst nos dio otras para Berlín. Visi­tamos a Wil y Jan Willenk, hombres decentes; fuimos hasta el final del Meer para visitar la casa de campo y el jardín de la difunta viuda de Bieren, pero se nos negó la entrada. No ha sido la primera vez, pues los holandeses en esta, como también en otras circunstancias, no agobian a los forasteros con cortesías. Langbourn decidió enseñarnos la