Colombeia

el bello sexo de la Ytalia.—dos Abates que junto á mi estavan, se entretenían en políticas, y philosoficas observaciones sobre las cosas presentes: y concluieron, en que aunqe. el Señor de Montesquieu paresia dar la preminencia al govierno Británico, no era una cosa verdadera: y que sus mugeres (las romanas) eran seguramte. los mismos retratos de las Livias, Mesalinas, &c. testigos á queilas fisionamias qe. pr. alli se veian... de modo que ellos estavan tan contentos gozando de su Combersacion y del expectaculo; y io tan divertido en oírlos qe. es la única ocasión qe. hai a con gusto pasado una noche en el theatro á Roma. 5. Temprano con mi anteojo, y la Compa d'il Sige. Luigi, me dirigí á Piazza Colorína, para ver la magnifica Colonna Anlonina de quien ha tomado el nombre de dha plaza—ella es toda de marmol, y de proporción Cor:, aunqe. Su Capitel sea Dor:— su diámetro 21 pal. Y su autl: 177, exclusive la estatua de S. Pablo en bronce qe. Tiene ensima, 19 pal. De alt:—subimos árriva por una escala interior sumamte. Cómoda, é iluminada pr. 40 pequeñas ciaraboias, qe. Tiene 190 escalones—sobre el Capitel hai una balaustrada de hierro qe. Forma un balcón quadro, de donde gozamos una bella vista, divirtiendonos con las gentes que pasavan debaxo y nos parecían Liliputienses— su forma es grandiosa; y está cubierta de mui buenos baxos relieves qe. Sobre faxas espirales adornan el fusto, representantes las guerras, y costume de los Sarmalas, y Germanos á quienes Marco Aurelio venció.—
el bello sexo de Italia. Dos abates que junto a mí estaban, se entretenían en políticas y filosóficas observaciones sobre las cosas presentes y concluyeron en que, aunque el señor de Montesquieu parecía dar la preeminencia al gobierno Británico, no era una cosa verdadera; y que sus mujeres —las romanas— eran seguramente los mismos retratos de las Livias, Mesalinas, etc., testigos, aquellas fisonomías que allí se veían. De modo que ellos estaban tan contentos, gozando de su conversación y del espectáculo, y yo tan divertido en oírlos, que es la única ocasión que haya pasado con gusto en Roma una noche en el teatro. 5 de febrero. Temprano con mi anteojo y la compañía del señor Luigi, me dirigí a Piazza Colonna para ver la magnífica Colonna Antonina, de quien ha tomado el nombre dicha plaza. Ella es toda de mármol y de proporción corintia, aunque su capitel sea dórico. Su diámetro, 21 palmos y su altura 117, excluyendo la estatua de San Pablo, en bronce, de 19 palmos de altura, que tiene encima. Subimos arriba por una escalera interior que tiene 190 escalones, sumamente cómoda e iluminada por 40 pequeñas claraboyas. Sobre el capitel hay una balaustrada de hierro que forma un balcón cuadrado, de donde gozamos una bella vista, divirtiéndonos con las gentes que pasaban debajo y nos parecían liliputienses. Su forma es grandiosa y está cubierta de muy buenos bajo relieves que adornan el fuste sobre fajas espirales, representando las guerras y vestimenta de los Sármatas y Germanos a quienes Marco Aurelio venció.