Colombeia

largo, sobre 45 pal: de alto, y 30 de ancho; con dos espirales acia el centro por donde entra la luz—á dos millas mas adelante está il Lago d'Agnano, á cuia orilla están las Estufas de S. Germano, y poco distante de estas la famosa grota d'il Cañe: aqui hizo el custode la experiencia de acostar un perro á tierra, dentro de quatro minutos ia estava como muerto: luego lo sacó al aire, y se recobró el Pobre animal; ensendio una acha de viento, y lo mismo era aproximarla al vapor, que se alzará como un pie de la tierra, que apagarse subitamte. como si la metiesen en agua: y asi por repetidas ocasiones —á una milla delante están los Baños que llaman les Pisserelle, y está tan caliente el agua que hierve constantemte., y no se puede tocar con la mano: todo aquel terreno está brotando asufre y humo… de aqui montamos con no poco trabajo aquella montaña de fuego que se llama la Sulfatara y de una casa que está ensima se goza una vista hermosisima que descubre todo el conjunto bellísimo de aquel sitio; de aqui desendimos á la boca propriamte. del Bulcano, ó Crátera, donde está una apertura, qe. bomita quantidad de humo, y asufre con un gran ruido como de agua hirviendo que corre por debaxo—en estos redores si dexa caer un peso a tierra, resuena como si todo estuviese Voto, de aqui baxamos á Putzolo donde se observan las ruinas de un antiguo muelle—un amphiteatro en imitiacion pequeña del de Roma; y un magnifico templo de Serapis que dá bastante idea de la magnifisencia de esta suerte de edificios en aquella nación ilustre:
largo, sobre 45 palmos de alto y 30 de ancho, con dos espirales hacia el centro por donde entra la luz. A dos millas más adelante está el Lago de Agnano, a cuya orilla están las Estufas de San Germano y poco distante de éstas, la famosa Gruta del Cañe. Aquí hizo el custodio la experiencia de acostar un perro a tierra; al de cuatro minutos ya estaba como muerto, lo sacó al aire y se recobró el pobre animal. Encendió un hacha de viento, y lo mismo era aproximarla al vapor, que se alzara como un pie de la tierra, que apagarse súbitamente como si la metiesen en agua, y así por repetidas ocasiones. A una milla adelante están los Baños que llaman los «Pisserelle», y está tan caliente el agua que hierve constantemente y no se puede tocar con la mano. Todo aquel terreno está botando azufre y humo. De aquí montamos con no poco trabajo aquella montaña de fuego que se llama la Sulfatara y de una casa que está encima se goza una vista hermosísima que descubre todo el conjunto bellísimo de aquel sitio. De aquí descendimos a la propia boca del volcán o cráter, donde está una abertura que vomita cantidad de humo y azufre con un gran ruido, como de agua hirviendo que corre por debajo. En estos rededores, si se deja caer un peso a tierra, resuena como si todo estuviese hueco. De aquí bajamos a Pozzuoli, donde se observan las ruinas de un antiguo muelle, un anfiteatro en imitación pequeña del de Roma y un magnífico templo de Serapis, que da bastante idea de la magnificencia de esta suerte de edificios en aquella nación ilustre.