ca y España. Purbach y Copérnico tuvieron maestros italianos, y hemos visto en nuestros días que Vuestra Majestad llamaba de Italia a geómetras de primera clase, mientras que los italianos traducían las poesías de los alemanes.
A pesar de toda la relación que se ha observado en todo tiempo, entre la poesía, la música y la pintura, las provincias de Italia que tuvieron los poetas más grandes, no produjeron sino pintores de segundo orden; y la patria de los Carracci no puede vanagloriarse de un Ariosto, un Tasso, un Chiabrera, ni siquiera de un Folengo. No se conocen sino pocos pintores compatriotas de los Camoéns y Vega (k). Flandes y Holanda, casi rivales de Italia en la pintura, no tienen poetas comparables a los italianos ni a los españoles. Inglaterra, que ha producido tantos poetas célebres, no tuvo antes que el caballero Reynolds, sino hacedores de retratos; y no se verán todavía músicos ingleses.
Además, Señor, me he detenido menos en las causas puramente físicas que en los medios de moderar la influencia o de suplirlas por la industria. ¿Qué ventaja