esclaviza los espíritus y que es siempre mayor en los países más abundantes y más fértiles. En fin, una economía sensata y el espíritu del gobierno pueden hacer en los países ricos lo que la naturaleza hace en los pobres.
He dicho algo sobre la influencia de la Religión. El entusiasmo religioso puede dar empuje a las imaginaciones que los hielos y las nieves tendrían en el entumecimiento y en la inercia. Nadie ignora que los absurdos del paganismo ayudaron extremadamente al genio de los poetas, pintores y escultores. Los judíos activos e industriosos hubieran igualado, quizá, a los griegos y etruscos en estas mismas artes, si las leyes religiosas no les hubiesen prohibido representar la divinidad bajo ninguna forma. Es por esta misma razón que los árabes no tuvieron pintores, como tuvieron poetas y sabios de todo género (l). En verdad la pintura no les estaba prohivida, pero como un motivo de religión no les llevaba a ejercitarla ni a estimularla, no hicieron ningún progreso. No se hubiera visto jamás las ciudades de Grecia adornadas con tan