quía de los siglos bárbaros, las Bellas Artes comenzaron a renacer. En cuanto se introducen una vez en un Estado, no dejan de hacer progresos a medida que éste prospera. Los momentos de crisis y de convulsión les dan aún un nuevo vigor. Los grandes desórdenes como los grandes éxitos, la corrupción de las costumbres y el lujo, como la virtud austera, suministran temas interesantes a la historia y poesía, y ocasiones brillantes a la elocuencia. Esta particularmente obedece a la constitución política. Donde quiera que ella abre el camino al poder, a los honores y a la fortuna, está animada por ella misma.
La Historia parece ser la parte y ocupación natural de las personas que han estado empleadas y han dejado sus actividades. Es raro que tales personas no se encuentren suficientemente cómodas para ocuparse de la lectura e incluso escribir lo que ha sucedido en su tiempo. Los establecimientos religiosos y literarios dan lugar a compilaciones que luego, el hombre de gusto y el filósofo, saben utilizar. No son