6 de julio.
Mi querido Manuel María:
Acabo de recibir 4 cartas tuyas del 3 y 4 del corriente. De sus contenidos he impuesto al general, excepto de lo relativo a tu solicitud de relevo, que en este momento más que en ningún otro, le hubiera causado el mayor disgusto. Tú no tienes motivo, excepto tus males; pues con respecto a Sola, sólo le movió un recado que tú mismo le enviaste, y su incomodidad fue con Carabaño. Es sumamente necesaria tu permanencia en ese destino, y el general te pide redobles tus cuidados, y des a la afligida plaza de Puerto Cabello cuanto esté a tú alcance. ¡Ocurrencia terrible para Venezuela!
En cuanto a la ridícula conducta del enviado de los Estados Unidos, nada puede decirse sino que el general ya le ha escrito, y que mañana contestará su última carta: que se desembarquen los víveres, que no dejes ir la fragata, basta ver si su salida puede permitirse, y guarde él su miedo basta que le dé la gana.
Ocurrencias grandes todos los días, y el ejército en inacción; yo soy tu amigo, que desea te mejores y que no te alarmes a la menor cosita que se te diga.