Colombeia

ello tuviesen estos Caudillos—. A las tres de la Tarde nos bolvimos por otro camino un poco mas serca, y a las cinco llegamos a Wilmington… por la noche tuvimos nuestra partida de cartas al comél, en la agradable compañía de miss Vining, que nos divirtió infinitamente con su inagotable genio, y agudeza— al siguiente dia temprano nos dispusimos para emprender nuestra buelta a Philadelphia mr Taylor, y io; y tomamos en consequencia nuestros Caballos a las ocho de la mañana, con la idea de detenernos a almorzar en casa de mr Geddes que vive sobre el proprio camino de Philadelphia, á distancia de un quarto de legua a la salida del Lugar; pero el frió era tan intenso (la primera vez en mi vida que me he visto en conflicto de la especie) que tuvimos que meter piernas a los caballos, y quando llegamos en casa de mr Geddes (estaríamos como 10 minutos solamte expuestos al aire) sin embargo, ni teníamos sensibilidad en pies, manos, orejas, narices, &…, ni podíamos apearnos del caballo —un buen fuego, y excelente almuerzo nos restituyó pronto nuestra sensación, y resolvimos desde luego no abandonar la posada ínterin el tiempo continuase tan severo—el agrado, buen trato, y hospitalidad de mrs Geddes nos hizo con tanto mas gusto adoptar este Plan; pero aviendo moderado infinito el tiempo a eso de las dos de la tarde, resolvimos bolvernos a Wilmington después de comer, aunque no a Caballo; pues asi como Sancho quando fue
ello tuvieron estos caudillos. A las tres de la tarde nos volvimos por otro camino un poco más cerca, y a las cinco llegamos a Wilmington. Por la noche tuvimos nuestra partida ele cartas al "comet", en la agradable compañía ele Miss Vinning que nos divirtió infinitamente con su inagotable genio y agudeza. Al día siguiente, temprano, Mr. Taylor y yo nos dispusimos para emprender nuestra vuelta a Filadelfia. Tomamos en consecuencia nuestros caballos a las ocho de la mañana, con la idea de detenernos a almorzar en casa de Mr. Geddes, que vive sobre el propio camino de Filadelfia, a distancia de un cuarto de legua a la salida del lugar, pero el frío era tan intenso (la primera vez en mi vida que me he visto en conflicto semejante) que tuvimos que meter piernas a los caballos y cuando llegamos a casa de Mr. Geddes (estaríamos como diez minutos solamente expuestos al aire) no teníamos sensibilidad en los pies, manos, orejas, narices, etc., ni podíamos apearnos del caballo. Un buen fuego y excelente almuerzo nos restituyó pronto nuestra sensación y resolvimos desde luego, no abandonar la posada ínterin el tiempo continuase tan severo. El agrado, buen trato y hospitalidad de Mrs. Geddes nos hizo con tanto más gusto adoptar este plan, pero habiendo moderado infinito el tiempo a eso de las dos de la tarde, resolvimos volvernos a Wilmington, después de comer, aunque no a caballo, pues así como Sancho cuando fue