manteado en la Venta, le cobró tal ojeriza que ni aun quería verla después quando se le ofreció pasar por alli; asi también á nosotros con el manteado que el frió nos pegó sobre nuestros rozinantes...! y asi nos valimos del Faetón de mr Geddes que hiva al lugar en busca de los chichos que estavan a la Escuela, en el qual, y bien cubiertos con mantas de Lana nos aventuramos justamte como gato escaldado… — al siguiente dia fue mui frió también, por lo qual diferimos nuestra jornada para el siguiente, en que mas moderado el tiempo, con el auxilio del Faetón de mr Vining, y medias de Lana por ensima de las botas, dobles guantes, y dobles cabriolees de bayeta, mantas &c… empreendimos segunda vez nuestro viaje—a las siete de la noche llegamos a Chester, y protexto que no con poca satisfacción, pues al ponerse el sol comenzó el frió a apretar de tal manera, que ninguno de nosotros podíamos tener las riendas en la mano por mas de 10 minutos sin sufrir pena infinita en los dedos, y vernos precisados a alternar a cada instante—finalmte buen teé, buena cena, buena cama, y una Sirviente robusta y no mal parecida repararon pronto estos perjuicios— Por la mañana temprano tomamos nuestro almuerzo, mui bien
manteado en la Venta, le cobró tal ojeriza que ni aun quería verla después cuando se le ofreció pasar por allí, así también nosotros, con el manteado que el frío nos pegó sobre nuestros rocinantes! Y así nos valimos del faetón de Mr. Geddes que iba al lugar en busca de los chicos que estaban en la escuela, en el cual y bien cubiertos con mantas de lana, nos aventuramos como gato escaldado. El siguiente día fue muy frío también, por lo cual diferimos nuestra jornada para el siguiente, en que más moderado el tiempo, con el auxilio del faetón de Mr. Vinning y medias de lana por encima de las botas, dobles guantes y dobles cabriolés de bayeta, mantas, etc., emprendimos por segunda vez nuestro viaje. A las siete de la noche llegamos a Chester y confieso que no con poca satisfacción, pues al ponerse el sol comenzó el frío a apretar de tal manera, que ninguno de nosotros podíamos tener las riendas en la mano por más de diez minutos sin sufrir pena infinita en los dedos y vernos precisados a alternar a cada instante. Finalmente, buen té, buena cena, buena cama y una sirvienta robusta y no mal parecida, repararon pronto estos perjuicios. Por la mañana temprano tomamos nuestro almuerzo, muy bien