Colombeia

nito de verme (nuestra amistad se formo en Charleston Sth Carolina) en cuia Compañia, la de su muger mrs. Morris, miss Morris su hermana, y dos hermanos jóvenes el uno Alférez de artilll! en el servicio de la america, y el otro comerciante, pasamos el resto del dia sumamte. Agradable; al siguiente intenté hir a ver WhitePlaines, pero no fue posible tanto por el excesivo frió, como por la mucha nieve que caio la noche antecedte obligándonos a no desamparar el fuego en todo el dia: al otro quise bolverme a NewYork, pero no fue posible a causa de un Snowstorme, que cubrió de nieve todos los Caminos por mas de tres pies de espesor— La mañana del inmediato fue serena, y empreendi mi buelta para la Ciudad; con sumo trabajo, pues los caminos aun no estavan batidos y avia mucha nieve, llegué a una Taberna que esta en unas casas que hai a las inmediciones de las mencionadas fortificaciones de Laurelhill, donde bebimos un vaso de vino, se dio un pienso a los Caballos, y io en el Ínterin emprendi con el auxilio de un cazador que alli se apareció, vecino del rededor, y que conocía todo el terreno por aver sido tomado prisio
nito al verme (nuestra amistad se formó en Charleston, Carolina del Sur), en cuya compañía, la de su mujer Mrs. Morris, su hermana Miss Morris, dos hermanos jóvenes, el uno alférez de artillería al servicio de América y el otro comerciante, pasamos el resto del día sumamente agradable. Al día siguiente intenté ir a ver White Plains, pero no fue posible, tanto por el excesivo frío como por la mucha nieve que cayó la noche anterior, obligándonos a no desamparar el fuego en todo el día. Al otro día quise volverme a Nueva York, pero no fue posible a causa de una tormenta de nieve, que cubrió todos los caminos con más de tres pies de espesor. La mañana del día siguiente fue serena y emprendí mi vuelta para la ciudad con sumo trabajo, pues los caminos aún no estaban batidos y había mucha nieve. Llegué a una taberna que está en unas casas que hay en las inmediaciones de las mencionadas fortificaciones de Laurel Hill, donde bebimos un vaso de vino y se dio pienso a los caballos. En el ínterin aproveché para ir a examinar despacio todos aquellos puestos y fortificaciones en compañía de un cazador que se apareció por allí, y que conocía todo el terreno por haber sido hecho prisio