Colombeia

gozan la apacible vida del Campo—á tres o quatro millas mas adelante está un montesuelo, ó altura que llaman Succeshill, en cuia sima hai un Pequeño lago (succesPond) que en todos tiempos se mantiene lleno de aguas, tiene mucho Pescado, y un fondo extraordinario: desde esta altura se descubre el Prospecto mas agradable, y al mismo tiempo se vé la Sonda, el Occcano, y las tierras de Connriicut— para las tres nos restituimos á Jamayca, y el resto del dia lo posamos al lado de un buen fuego en Sociable, militar, y Literaria conibcrsaeion— Al siguiente dia después de almorzar, mr M° Evers, y io tomamos el Sledgc, y lucimos otra incursión acia la parte del sur de dba Isla por el parage que llaman Rockway, distante 12 millas de Jamayca, los caminos son sumamente llanos, y agradables, pues por todas partes se vé agricultura, abitaciones, aguas, y bosquezuelos ventajosamente bien situados: a las tres cstavamos ia de buelta, aviendo andado mas de 30 millas en dos horas y media de tiempo, sin fatigar los caballos en lo minimo—la noche la pasamos en la misma agradable Compañía que la antecedente, y al siguiente dia me restitui a New York, pues el sumo frió no permitía muchos paseos por el campo, y a la verdad me hacia
la apacible vida del campo. A tres o cuatro millas más adelante está un montezuelo o altura que llaman "Succes Hill", en cuya cima hay un pequeño lago (Succes Pond), que en todo tiempo se mantiene lleno de agua, tiene mucha pesca y fondo extraordinario. Desde esta altura se descubre la más agradable perspectiva y al mismo tiempo se ve la Sonda, el océano y las tierras de Connecticut. A las tres regresamos a Jamaica y el resto del día lo pasamos al lado de un buen fuego en conversación sociable, militar y literaria. Al día siguiente después del desayuno, Mr. Me. Evers y yo tomamos el trineo e hicimos otra excursión hacia la parte del sur de dicha isla por el pasaje que llaman "Rockaway", a doce millas de Jamaica. Los caminos son sumamente llanos y agradables pues por todas partes se ve agricultura, casas, aguas y pequeños bosques ventajosamente bien situados. A las tres estábamos ya de vuelta, después de andar más de treinta millas en dos horas y media de tiempo, sin fatigar los caballos en lo mínimo. La noche la pasamos en la misma agradable compañía que la antecedente, y al siguiente día me volví a Nueva York, pues el sumo frío no permitía muchos paseos por el campo y a la verdad, me hacía