ia apetecer el abrigo de conmodo alojamiento en la Ciudad — Después de almorzar Capn Bibby, y io nos fuimos a visitar (Ínterin se preparavan los Sledges para la marcha) algunos campamentos formados por las Tropas Británicas, que estuvieron acantonadas en estos parages á cosa de una milla de distancia del Lugar en las faldas de unas colinas inmediatas; cuias huís, ó chozas aun permanecen, construidas con sumo arte, y acierto; la chimenea es de piedra suelta, sin ningún genero de mésela, y el resto de alguna madera, y palmas, tan bien abrigado todo que pueden resistir el mas duro imbierno, tal vez mejor que las casas de la Ciudad; cada una puede contener de 40 a 50 personas, y en caso necesario una Compañía—á las doce tomamos nuestros Carruages, y en Compañía de mi Camarada el Joven m'Evers, nuestro generoso huésped Old m'Evers (que también quiso acompañarme a NewYork), y su hijo, emprendimos la marcha; cerca de las dos llegamos á las imediaciones de Brooklyn, donde paramos a examinar las fortifica
ya apetecer el abrigo del cómodo alojamiento en la ciudad. Después de desayunar, mientras se preparaban los trineos para la marcha, el capitán Bibby y yo nos fuimos a visitar algunos campamentos formados por las tropas británicas que estuvieron acantonadas en estos parajes, a cosa de una milla de distancia del lugar en las faldas de unas colinas inmediatas y cuyas chozas aún permanecen construidas con sumo arte y acierto. La chimenea es de piedra suelta sin ningún género de mezcla, y el resto de alguna madera y palmas, tan bien abrigado todo que pueden resistir el más duro invierno tal vez mejor que las casas de la ciudad; cada una puede contener de 40 a 50 personas, y en caso necesario, una compañía. A las doce tomamos nuestros carruajes y en compañía de mi camarada, el joven Me. Evers, nuestro generoso huésped el viejo Me. Evers — que también quiso acompañarme a Nueva York — y su hijo, emprendimos la marcha. Cerca de las dos llegamos a las inmediaciones de Brooklyn, donde paramos a examinar las fortifica