Colombeia

puedan ofrecerse concluida esta larga visita militar, tomé un paseo sobre un extremo del lugar, y al obscureser bolvime a mi alojamiento, pero al entrar noté gran concurso en el Café que llaman (aunque jamás se tomó alli lina tasa de este licor) tomé un rincón de la sala, y una silla y me puse á observar por mas de hora y media los diferentes grupos, figuras, y conversacións, que mis oidos , y mi vista podían penetrar; cánseme al fin y retíreme a mi cuarto á leer un rato; pero á eso de las 10 oigo un ruido tan extraordo que parecía querían hechar la casa ábaxo, infórmeme del motivo, y hallé que parte de la tertulia del Café havian vevido algo mas que lo suficiente, y insistían en que se les abriese la puerta otra vez, a que fue preciso condesendér pr. qe. no la echasen abajo— 7. La mañana temprano que era bastante apacible la pasé en escribir mi diario, y a eso de la once partimos de buelta para Hartford en el proprio estage, y pr. el mismo camino que vine… pasamos el rio Conecticut en nuestra barca del moda que está dicho, y paraba una y inedia llegamos á Sufield donde comimos todos los pasageros juntos incluso el cochero; el numero no llegava mas que
puedan ofrecerse concluida esta larga visita militar, me fui a dar un paseo sobre un extremo del lugar y al oscurecer volví a mí alojamiento. Al entrar note gran aglomeración en el café — llamado así, aunque jamás se tomó allí una taza de esta bebida—, tomé un rincón de la sala y una silla y me puso a observar por más de hora y media los diferentes grupos, figuras y conversaciones que mis oídos y mi vista podían alcanzar; al fin me cansé y me retiré a mi cuarto a leer un rato. Pero a eso de las diez oí un ruido tan extraordinario, que parecía querían echar la casa abajo. Me informé del motivo v halle que parte de la tertulia del café había bebido algo más de lo suficiente e insistía para que se le abriese la puerta otra vez a lo que fue preciso acceder para que no la echasen abajo. 7 de agosto. La mañana temprano, que era bastante apacible, la pase en escribir mi diario, y a eso de las once partimos de regreso para Hartford en la misma diligencia y por el mismo camino que vine. Pasamos el río Connecticut en nuestra barca, como he dicho antes, y a la una y media llegamos a Suffield, donde comimos todos los pasajeros juntos, incluso el cochero. III número de pasajeros no llegaba más que