Colombeia

llegué alli al medio dia—reciviome su muger con bastante rusticidad, hasta que llegó el marido que andava pr. el Store y cortijo… le di la carta y manifestó algo de atención — al fin fue menester quedarse alli á comer, á que nos acompañaron los chiquillos, y una cuñada del gen1. Miss moore, de New York; la comida fue taciturna, circunspecta (como lo es el genio de dho. genl.), y no mui abundante, conque pronto se concluió, y nos fuimos á dar un paseo por esta desparramada ciudad. La Yglesia, y the courthouse visitamos, que son pobres edificios, y de aqui pasamos al sementerio a 1er las inscripciones sepulcrales, entre las quales solo vi quatro ó seis, cuias edades pasasen de ochenta, y mui pocas de setenta arriva nos fuimos después á una altura ó monte de varas que está inmediato á la Yglesia, y desde alli descubrimos perfectamte. todo el lugar y parte de sus sercanias… un almacén de pólvora se avia construido en aquel parage, y cuando concluió la guerra, un sugeto inconosido (pr. qe. manifestó su buen juicio) pa divertirse (tenia solamte. 12 barrils. pr. fortuna) le dio fuego de que resultó romperse todos los cristales de la Yglesia, y casas circunvecinas, y muchos edificios ser injuriados del choque de la explosión — volvimos
llegué allí a mediodía. Me recibió su mujer con bastante rusticidad, hasta que llegó el marido que andaba por el almacén y cortijo. Le di la carta y manifestó algo de atención. Al fin fue menester quedarse allí a comer a lo que nos acompañaron los chiquillos y una cuñada del general, Miss Moore, de Nueva York. La comida fue taciturna, circunspecta —como lo es el carácter de dicho general— y no muy abundante, por lo que pronto se concluyó y nos fuimos a dar un paseo por esta desparramada ciudad. Visitamos la iglesia y The Court House, que son pobres edificios y de aquí pasamos al cementerio a leer las inscripciones sepulcrales, entre las cuales sólo vi cuatro o seis cuyas edades pasasen de ochenta y muy pocas de los setenta arriba… Fuimos después a una altura, o monte de varas, que está inmediata a la iglesia, y desde allí descubrimos perfectamente todo el lugar y parte de sus cercanías. En aquel paraje se había construido un almacén de pólvora y cuando concluyó la guerra, un sujeto desconocido (pero que manifestó su buen juicio) le dio fuego para divertirse —por fortuna tenía solamente doce barriles— de que resultó romperse todos los cristales de la iglesia y casas circunvecinas y muchos edificios quedaron dañados por el choque de la explosión. Volvimos