Colombeia

Después vagé al Cementerio, y entre otras inscripciones que alli hai está la siguiente. “Cigit Charles Louis—D'arzac. de Ternai. “Chevalier de l'ordre de SaintJean de Jerusalem, ancien gouverneur general des isles de “France et du Bourbon, Chefd'Es"cadre des armées navales de S. M. T. C. Commandant “l'Escadre Francaise envoyé en 1780, au Sucours des EstatsUnis de "I’Amerique." mort le 15 Decambre 1780, agé 57 ans. Hize una visita á mrs. Hnnter que me combidó á tomar thé— por la tarde á las 3 estuve en el templo de los Quakaros en cuia compañía estuve basta las 5 sin qe. nadie ablase una palabra siquiera; io me entretuve todo este tiempo en examinar despacio el trage, y figura del concurso mugeril; pudiendo asegurar con toda ingenuidad, que ni mas sencillez, limpieza y gusto en lo primero; ni mas natural y sencilla belleza en lo segundo puede imaginarse; estoi firmemente persuadido que el colorido Rubens, y encarnaciones del Ticiano, jamás podrían imitar lo que la naturaleza ofrece aqui en la tez, y hermosísima complexión de estas simples Quakaras, sin un grano de polvo, ó afeite en toda su persona.—de repente nos levantamos todos, nos dimos la mano llamándonos amigos, y cada uno se fue por su lado De aqui pasé al Dr. Senter
Después vagué por el cementerio, y entre otras inscrip­ciones que hay allí, está la siguiente: "Cigit Charles Louis d'Arzac de Ternay Chevalier de l'Ordre de Saint Jean de Jerusalem, ancien gouverneur general des iles de France et de Bourbon, Chef d'Escadre des armées navales de S.M.T.C. Commandant l´Escadre Francaise envoyée en 1780 au secours des EtatsUnis de Pamérique. Mort le 15 décembre 1780, ágé de 57 ans". Hice una visita a Mrs. Hunter que me convidó a tomar té. Por la tarde a las tres fui al templo de los cuáqueros en cuya compañía estuve hasta las cinco, sin que nadie hablase ni una palabra. Yo me entretuve todo ese tiempo en examinar despacio el traje y figura de la concurrencia mujeril y puedo asegurar con toda ingenuidad que no puede imaginarse mayor sencillez, limpieza y gusto en lo primero, ni más sencilla belleza natural en lo segundo. Estoy firmemente persuadido que el colorido de Rubens y las encarnaciones del Ticiano, jamás podrían imitar lo que la naturaleza ofrece aquí en la tez y hermosísima complexión de estas sencillas cuáqueras, sin un grano de polvo o afeite en toda su persona. De repente nos levantamos todos, nos dimos la mano llamándonos "amigo" y cada uno se fue para su lado. De aquí pasé a casa del Dr. Senter,