Colombeia

con lo qual tube la ventaja de comenzar haciendo el servicio practico al frente del Enemigo, y de hallarme después en toda la critica defensa de la Plaza de Melilla, que ataco en persona el Emperador de Marruecos el año de 177475.—aunque con el disgusto de ver frustrados (sin embargo que aplaudidos) mis mejores deseos; y de hallar al fin distribuidos los Premios que la Piedad de vra. Magd. destino al mérito, y al valor de aquella guarnición, entre varios sugetos que por ningún Camino devian merecerlos… privando asi los acreedores lexitimos, no solamente de aquellarecompensa, sino dándoles un desaire!—De aqui pase á reunirme con las Vanderas de mi Regimiento en Malaga: y buscando siempre el como adelantar en la profesión viendo nuevas Tropas, Táctica, Fortificaciones, &c. Estube por favor particular en la Plaza de Gibraltar, donde, por dos meses logré examinar comparativamente aquella excelente Escuela Practico Militar; sacando bastante instrucción.—En seguida me dirigi (con permiso tácito de Gefes) al Puerto de Santa Maria á solicitar personalmte. Del Ynspector general Conde de O'Reilly, la consecución de una Rl. Licencia para pasar á Prusia, Alemania y otros Paisesextrangeros, con el objeto de examinar el
con lo cual tuve la ventaja de comenzar haciendo el servicio práctico al frente del enemigo, y de hallarme después en toda la crítica defensa de la Plaza de Melilla que atacó en persona al Emperador de Marruecos en el año de 177475; aunque con el disgusto de ver frustrados (sin embargo que aplaudidos) mis mejores deseos, y de hallar al fin distribuidos los premios que la piedad de Vuestra Majestad destinó al mérito y al valor de aquella guarnición, entre varios sujetos que por ningún camino debían merecerlos… privando así los acreedores legítimos, no solamente de aquella recompensa, sino dándoles un desaire! De aquí pasé a reunirme con las banderas de mi regimiento en Málaga, y buscando siempre como adelantar en la profesión viendo nuestras tropas, tácticas, fortificaciones, etc. Estuve por favor particular en la Plaza de Gibraltar, donde, por dos meses logré examinar comparativamente aquella excelente escuela práctico militar, sacando bastante instrucción. Enseguida me dirigí — con permiso tácito de los jefes — al puerto de Santa María para solicitar personalmente del Inspector General Conde de O'Reilly, la consecución de una Real licencia para pasar a Prusia, Alemania y otros países extranjeros, con el objeto de examinar el