Colombeia

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extraño que ahora se haya graduado en nosotros de enorme culpa, lo que entonces ellos mismos juzgaron indispensable en tanto grado, que sus respuestas, así como las de S.E. pudieron llenarnos de vanidad por las altas expresiones con que elogiaron nuestra fidelidad, nuestra honradez y nuestro celo; no es fuera de propósito recordar a V.S.I. que nuestros informes a S.E., brotando los verdaderos sentimientos de dolor y amargura en que se anegaban nuestros corazones, sólo tenían por objeto proponer los medios de su restablecimiento, prefiriendo entre todos el de apartarle de las Provincias internas. A esta providencia, que se adaptó en México y cuya ejecución cometida a nosotros mismos se consiguió con los trabajos que V.S.I. sabe, se le debe en lo humano la recuperación de la salud de V.S.I. ¿Y es posible que por aquellas diligencias más fructuosas que nosotros hicimos para este importante fin, esto es por nuestras representaciones a S.E., nos considerase V.S.I. reos que careciendo de su perdón habríamos de sufrir las más graves penas? Ya estamos viendo que para salvar la palabra Perdón, y aun el irregular procedimiento que se ha tenido con nosotros, se recurriría a aquel efugio inventado algún tiempo después de nuestro arresto, cuando con reflexión más seria se conoció que era insostenible el proyecto de hacer creer la conjuración contra V. S. I. Queremos decir que nuestro delito se hará consistir en las cartas escritas a los Dependientes de V. S. I., sobre su enfermedad, diciendo que semejante aviso no se debió dar a otro que a S. E., y que nosotros haciendo lo contrario faltamos a las obligaciones que teníamos a V. S. I., pues publicamos su accidente en vez de ocultarlo. En este cargo que es uno de los de nuestras declaraciones y el único que tiene visos de tal, ya se da por supuesta la verdad de nuestras noticias, porque si ellas se tuvieran por falsas, incomparablemente mayor culpa era haberlas escrito a S. E. que a otros particulares. El caso es que no sólo eran ciertas sino