Colombeia

da; mas qe. no quería franquearse á la primera visita, y daba esperanza de hacerlo á la segunda—io solté los registros á mi persuasión, y al cabo de mucho rato lo huve de conseguir, con la promesa de no derramarme dentro—Le di un sequin qe. aqui es mui buena paga, y ella quedó contenta… después supe que esta muchacha es de gentes desentes, á quien el Rey de Suecia quando estuvo en Roma avia hecho un hijo pr. su desgracia… tiene mui buen goce.— De aqui me fui al Theatro di Capranica donde logre aun la mitad de una Tragedia traducida del Francés, la gente estava tan disgustada del tono trágico, que decian qe. aquello paresia como si facese la predica… no obstante que era regular el primer actor, y lo hacían pasablemente—mas como no avia arietas, por poco salen silvados los dhos trágicos.—á casa á las once. 6. Temprano me dirigí al Campidoglio, este celebérrimo Lugár qe. hacia como el centro de la potencia Romana, y de donde los Scipiones, Pompeios, Cesar, &c… partían á snbiugár el Universo que no pudiéndoles resistir, se sometía á sus Leyes, é inclinava la cerviz—las cosas han cambiado absolutamte… y apenas se puede conosér en el dia que sitio ocupavan aquellos monumentos mas celebres; como son, la Cindadela, Roca Tarpeia, Templo de Jove Capitolino, &c, todo ha cambiado de aspecto—Oi se sube por una gran escala, con su balaustrada por ios flancos, obra de Michel Angiolo, y qe. Produce un bellísimo efecto; y se entra después en la hermosa piazza del Campidoglio que es
da, más que no quería franquearse a la primera visita y daba esperanza de hacerlo a la segunda. Yo solté los registros a mi persuasión, y al cabo de mucho rato lo hube de conseguir, con la promesa de no derramarme dentro. Le di un cequí, que aquí es muy buena paga. Después supe que esta muchacha es de gentes decentes, a quien, cuando el Rey de Suecia estuvo en Roma había hecho un hijo para su desgracia. Tiene muy buen goce. De aquí me fui al Teatro di Capránica, donde logré aún la mitad de una tragedia traducida del francés. La gente estaba tan disgustada del tono trágico, que decían que aquello parecía como si hicieran un sermón, no obstante, que el primer actor era regular y lo hacían pasablemente. Más como no había arietas, por poco salen silbados los dichos trágicos. A casa a las once. 6 de febrero. Temprano me dirigí al Campidoglio, este celebérrimo lugar que hacía como el centro de la potencia romana, y de donde los Escipión, Pompeyo, César, etc. Partían a subyugar el universo, que no pudiéndoles resistir, se sometía a sus leyes e inclinaba la cerviz. Las cosas han cambiado absolutamente y apenas se puede conocer en el día, qué sitio ocupaban aquellos monumentos más célebres como son la Ciudadela, Roca Tarpeya, Templo de Júpiter Capitolino, etc., todo ha cambiado de aspecto. Hoy se sube por una gran escalera, con su balaustrada por los flancos, obra de Miguel Ángel, que produce un bellísimo efecto. Se entra después en la hermosa plaza del Campidoglio, que es