Cruzero, y arrodillado sobre un banquillo que para el efecto liai allí de madera mui ordinaria—esto dura una ora, al cabo de cuio tiempo se retira su Santidad pr. la misma puerta que entró, bien arropado en su Cabriolé de grana, y con sombrero forrado en lo mismo (qe. tuve en mis proprias manos) — y después vá á dar un paseo en coche, hasta poco antes de las cinco que buelve á comer… y esta vida observa regularmte. según me informaron—dexando todos los monopolios al Ñipóte que se enrriquese á ojo de vista inmensamte.—S. Pietro me agrada mas, quanto mas lo veo; y asi es preciso verlo muchas veces mas.—De aqui nos fuimos á Casa, para comer temprano, y lograr el paseo del corso; á que todas las Petrimetas asisten en coche, y los Petrimetes que no lo tienen, a pie, al uso de Madrid—luivo muchas gentes de una y otra manera, pues el tiempo hace hermosísimo; y al avemaria nos retiramos tomando sorbetes al ordinario… io me separé de la compañía, para hir á evacuar una cita en el Café de la Piazza delta Fontana di Trevi donde efectivamte. encontré mi hombre, con muchas otras gentes que leian algunas gazetas extrangeras, mi Banquero Giogia entre ellos; mas no pudo menos de causarme sorpresa, como aquellas gentes concurrían en un lugar tan puerco é indecente qual está dho. Café!... Mi hombre que es un desente maestro de Lengua francesa, y un amigo me recomendó, me avia ia buscado una buena moza qe. Me aguardava: fuimos aciallá y encontré una muchacha de 18 años, desente, y mui bien paresi
crucero y arrodillado sobre un banquillo de madera muy ordinario que para el efecto hay allí. Esto dura una hora, al cabo de cuyo tiempo se retira Su Santidad por la misma puerta que entró, bien arropado en su cabriolé de grana y con sombrero forrado en lo mismo que tuve en mis propias manos— y después va a dar un paseo en coche, hasta poco antes de las cinco que vuelve a comer. Y observa esta vida regularmente, según me informaron, dejando todos los monopolios al Nepote que se enriquece inmensamente a ojos vistas. San Pedro me agrada más cuanto más lo veo y así es preciso verlo muchas veces más. De aquí nos fuimos a casa para comer temprano y lograr el paseo del Corso, al que todas las petimetras asisten en coche y los petimetres que no lo tienen, a pie, al uso de Madrid. Hubo mucha gente de una y otra manera, pues el tiempo hace hermosísimo y al Ave María nos retiramos, tomando sorbetes como al ordinario. Yo me separé de la compañía para ir a evacuar una cita en el café de la Plaza de la Fontana di Trevi, donde efectivamente encontré mi hombre con muchas otras gentes que leían algunas gacetas extranjeras, mi banquero Giogia entre ellos. Mas no pudo menos de causarme sorpresa ver como aquellas gentes concurrían en un lugar tan puerco e indecente cual está dicho café. Mi hombre, que es un decente maestro de lengua francesa y un amigo me recomendó, me había ya buscado una buena moza que me aguardaba. Fuimos hacia allá y encontré una muchacha de 18 años, decente y muy bien pareci