clima debia precisamte. aumentar el numo de las Messalinas mas allá que á lo que nosotros nos párese.—aun otra cosa ingeniosa en sus jarros para calentar agua, que es el cilindro vacio en el centro, de donde los Yngleses han imitado sus jarros para el agua del Tée.—y no son menos ingeniosos los artistas del dia que han trabajado á destacar estas pinturas de las murallas, pues se ven lienzos enteros de un quadrado de mas de 4. varas en quadro destacados sin la menor lecion, ni rotura.—Con mi rufiano á ver una joven y bonita muchacha, que me franqueó sus favores desnuda—y me aseguró que no avia más de 4. dias que avia perdido el virgo, y que asi no tenia que temer de que me enfermase, &c.
16.
á la punta del dia sali para berleta, en el golfo de mamphredonia, á fin de embarcarme para Raguza, y seguir mi Viage á Constantinopla — tomé un asiento en una buena calesa, pagando 3 1/2 sequines incluso comida, cama, fuego, &c… Por casualidad encontré con un buen Viturino que es cosa bien rara: y con un comboi de 7. calesas juntas que formavamos una pasable carabana; pues si no es asi no se puede viajar en este pais, sin estar expuesto á cada paso á ser robado, y asesinado, como sucede frecuentemte.—al mediodía paramos á refrescar en un Lugarejo llamado il Cardúzale, y antes de anochesér llegamos á L'Avelina, ciudad de 14.000 almas de población; pobre, y puerca al paresér—fui al Café con mi compañero, que era un joven medico del Pais, y luego á la Plaza donde vimos alguna tropa de caballa de la qe. está aqui aquartelada—La agricultura está pasabile pr. la parte qe. avernos pasado, y el camino tambn.: el
clima, debían precisamente aumentar el número de las Mesalinas más allá de lo que a nosotros nos parece. Aún otra cosa ingeniosa en sus jarros para calentar agua, que es el cilindro vacío en el centro, de donde los ingleses han imitado sus jarros para el agua del té. Y no son menos ingeniosos los artistas del día que han trabajado en desprender estas pinturas de las murallas, pues se ven lienzos enteros de un tamaño de más de cuatro varas cuadradas, desprendidos sin la menor lesión ni rotura. Con mi «ruffiano» a ver una joven y bonita muchacha, que me franqueó sus favores desnuda, y me aseguró que no había más de cuatro días que había perdido el virgo y que así no tenía que temer de que me enfermase, etc.
16 de marzo.
A la punta del día salí para Barletta, en el golfo de Manfredonia, a fin de embarcarme para Ragusa 125 y seguir mi viaje a Constantinopla. Tomé asiento en una buena calesa, pagando tres y medio cequíes, incluso comida, cama, fuego, etc. Por casualidad encontré un buen vetturino —que es cosa bien rara— y con un convoy de siete calesas juntas formábamos una pasable caravana, pues si no es así no se puede viajar en este país sin estar expuesto a cada paso a ser robado y asesinado, como sucede frecuentemente. Al mediodía paramos a refrescar en un lugarejo llamado «il Cardinale», y antes de anochecer llegamos a Avellino, ciudad de 14.000 almas de población, pobre y puerca, al parecer. Fui al café con mi compañero, que era un joven médico del país, y luego a la plaza, donde vimos alguna tropa de caballería de la que está aquí acuartelada. La agricultura está pasable por la parte que hemos pasado y el camino también. El