la pintura y la escultura en todo el Imperio, estaríamos bien lejos de creer que la música de Egipto, de Asia o de la Tracia, fue del mismo gusto de la que tanto nos habló Plutarco. Sea lo que fuere, se ha tenido siempre, desde entonces, música en Europa, e inclusive en los siglos de mayor ignorancia se ha encontrado siempre alguien que ha hablado de los defectos que ella contraía o de los cambios que se hacían; y se sabe muy bien que la famosa querella sobre la superioridad de la música italiana, existió en el tiempo de Carlomagno. J. J. Rousseau no ha dejado de contar una anécdota curiosa que lo prueba (c). En vez de detenerme en investigaciones científicas sobre la música de los griegos, de la cual es muy difícil hacerse una idea, he preferido observar la serie de cambios desde Gui de Arezzo hasta Rolando Lassus, músico muy célebre en tiempo de Carlos V, y desde este anfión flamenco hasta Lulli. Recorriendo lo que se ha escrito sobre la historia de la música, se puede observar que este arte, tal como lo poseemos hoy, hizo el mismo camino que todos los demás.