vando la revolución que se ha hecho en la literatura europea hacia mediados de siglo, vuelvo de la parte septentrional de la Gran Bretaña a Francia, Alemania, Italia y España, y considero los esfuerzos que han hecho estas naciones para levantarse del estado en que las dejé en la época de su decadencia.
Es demasiado fácil prever que se hablará mucho de vuestra Majestad en el artículo de la Literatura alemana. ¿Cómo podría evitarse, Señor, cualquier medida que se tomara para no disgustar a V. M. alabándolo? Es un hecho muy reconocido que Alemania no tuvo nunca príncipes que hayan favorecido tanto las Letras, que hayan hecho un cambio tan considerable y de manera tan poco común. No se puede ni siquiera disimular que en el resto de Europa, vuestro ejemplo ha hecho por las ciencias y las artes más que todas las parénesis de los sabios más acreditados. Pero no es que nuestro hombre entre únicamente en la historia de la literatura y en el plan de mi obra como el de un protector generoso. Es porque Ale