Colombeia

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(e) No se puede decir como el señor d'Alembert, que la Música es la única de todas las artes que no se haya beneficiado de los antiguos. En el renacimiento de las Letras y de las Artes, no se veían pinturas de los griegos y romanos como tampoco se escuchaba su música. Es probable — como lo ha señalado el señor Príncipe Belosielsky, en su ensayo sobre el estado de la música en Italia en 1772 — que los griegos refugiados en Italia hayan llevado allí música de su país, así como conocimiento y libros. Es al menos seguro, que los maestros, cuyas obras pueden gustarnos todavía, salían de países muy cercanos a Grecia. Zarlino era de Chioggia, sobre el mar Adriático. Pedro Vinci y Antonio Lo Verso, eran sicilianos. Los dos primeros precedieron a Palestrina y Lo Verso fue su contemporáneo. Es cierto que la historia de la Música comenzó a ser cultivada más tarde que la de las demás artes y ciencias. Pues a partir de mediados del siglo XVI se han hecho catálogos, elogios y vidas de poetas, pintores y escultores, pero no es sino a finales del último siglo que Gaspar Printz de Waldthúrm, en el alto Palatinado, publicó en 1690, en Dresde, la primera historia que tengamos de la Música moderna. Le han seguido Mattheson de Hamburgo, y no se qué francés, autor de una historia de la Música, en varios volúmenes. La historia de