Extracto de la relación del horrible terremoto acaecido en la ciudad de Ragusa y otras ciudades de Dalmacia y de Albania, el día 6 de abril de 1667.
La ciudad de Ragusa, situada en la Iliria, hacia la entrada del Golfo Adriático y renacida de las cenizas de la antigua Epidauro, fue construida, según observan Michele Solonitano y los más antiguos autores, en los años de 265 a 267, sobre una península mirando al mediodía, en un sitio muy ameno. Sus dominios se extienden, de Oriente a Occidente, en una longitud de 120 millas y una anchura de 12. Linda al Oriente con Albania, al Occidente con la Bosnia, al Septentrión con el Ducado de Herzegovina y al mediodía con el mar Adriático. Tiene además, dos ciudades, Stagno y Ragusa Vieja y cinco islas, todas habitadas y fértiles. Es una delicia ver algunas ensenadas del mar, coronadas por la ciudad con soberbios palacios y jardines. Además de éstos, hay más puertos seguros que protegen de los accidentes marítimos y capaces, cada uno de ellos, de abrigar escuadras numerosas. Todo el país es, en su mayor parte, muy pedregoso; en la ciudad de Stagno hay una buena extensión de salinas; el aire y las estaciones son templados. Muchas mercancías llegan de Levante y es un lugar de mucho tráfico. La misma ciudad de Ragusa no tiene mucha extensión, pero está toda fortificada y aprovisionada con suma diligencia de toda clase de municiones. Tiene su Dux que dura un mes; los Senadores y los Nobles alcanzan la cifra de 200, los cuales integran diversos Consejos y Magistraturas. Los habitantes llegan a unos 6.000 y mientras cada uno se ocupaba en sus quehaceres el miércoles 6 de abril de 1667, entre las 13 y las 14 horas, surgió de la tierra un horrible y espantoso terremoto, que en un momento arruinó el