Colombeia

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Palacio de la Residencia del Dux, causando la muerte de éste. La misma suerte corrieron los otros palacios, iglesias, monasterios y casas de la ciudad, cayendo sus escombros por todas partes, causando una grandísima mortandad, acrecentada por las enormes piedras que caían de lo alto, lo que convirtió a la ciudad en una cantera. Al mismo tiempo se levantó un violentísimo viento que acrecentó aún los daños, pues las llamas se encendían naturalmente con las maderas que caían de las ruinas mismas, procedentes del fuego encendido que había en las casas para calentarse. Fuego que continuó durante muchos días, provocando una grandísima aflic­ción en los pocos que habían escapado a tan espantoso infortunio, cuyo número no llega a 600 y entre ellos 25 nobles. Era cosa muy impresionante ver aquella gente andar casi inconscientes, con una corona al cuello, por las calles menos arruinadas, pidiendo piedad y perdón a Dios Nuestro Señor por sus pecados. Se vio además desplomarse el Castillo en dos tiempos y luego, por cuatro veces, lo inundó el agua del mar, secando por lo tanto las fuentes que había allí, por lo que no se encontraba agua para beber. La Fuente de Tierra quedó intacta y dañada las de la Aduana y del Lazareto, que se podrán reparar