Colombeia

hago ver mi pasaporte con animo de oponerme á la execusion de tal barbarismo!... y asi lo dejó, y io liverté al pobre de sus palos.—al fin llegué a Woschau (35. bers:) y aquí me pusieron k. cabs., con que segui pr. malditos pasos fuera del camino, hasta Sawodi (20. bers:) todas las gentes trabajan en el camino, y los Pobres se quejan amargamte. de la opresión de este Sr. govr. hasta sus labranzas se las destruien pr. los pasajeros que están obligados á pasar sobre el sembrado… Pobres infelizes!—aqui tomé 4. malos caballa. y lo peor un niño pr. postillón en malos caminos y de noche… mas aquellos bribones no quisieron y me dejaron plantado con que huve de seguir asi—Ya de noche, y viendo la imprudencia de seguir de este modo, procuré buscar alojamiento en un Lugar qe. parecia de alguna consideración, mas las gentes que todas dormian no quisieron levantarse… un vesino huvo al fin de encontrarse que quiso aserio—abrió su puerta, y esta era tan baja que pr. poco se rompe mi calesa en mil pedazos—pr. fortuna qe. las aldabas saltaron, y asi escapó… consequencias de la direccion del niño—en fin pude hacer una taza de Thé, y hacer cama con mi colchón en que dormí hasta las 4. de la mañana, que marche. Dia 11. Una hora después llegué sobre el rio Ocka, en que tambn. Constriñen un puente
hago ver mi pasaporte con ánimo de oponerme a la ejecución de tal barbarismo. Así lo dejó, y yo liberté al pobre de sus palos. Al fin llegué a Vaschan, 35 verstas, y aquí me pusieron cuatro caballos con que seguí por malditos pasos, fuera del camino, hasta Sawodi, 20 verstas. Todas las gentes trabajan en el camino y los pobres se quejan amargamente de la opresión de este señor Gober­nador; hasta sus labranzas se las destruyen por los pasajeros que están obligados a pasar sobre el sembrado… ¡Pobres infelices! Aquí tomé cuatro malos caballos y lo peor, un niño por postillón, en malos caminos y de noche… mas aquellos bribones no quisieron y me dejaron plantado, con que tuve que seguir así. Ya de noche, y viendo la imprudencia de seguir de este modo, procuré buscar alojamiento en un lugar que parecía de alguna consideración, mas las gentes que todas dormían, no quisieron levantarse. Un vecino hubo al fin de encontrarse que quiso hacerlo. Abrió su puerta y ésta era tan baja que por poco se rompe mi calesa en mil pedazos. Por fortuna que las aldabas saltaron y así escapó; consecuencias de la dirección del niño. En fin, pude hacer una taza de té y hacer cama con mi colchón en que dormí hasta las cuatro de la mañana que marché. 11 de mayo Una hora después llegué sobre el río Oka, en que también construyen un puente