Colombeia

navan su pálido Pecho sobre la baranda, y Aíhletas inmediatos; y otra Trágica en el Patio a palos, y trompadas; el concurso era tan crecido que aunque uno huviese querido descartarse no podia salir, y lo ques es peor, ni aun moverse; en fin quatro horas de Plantón pagaron mi curiosidad á la primera concurrencia que me ofreció Philadelphia; y los Pies se me hincharon de tal modo (con motivo sin duda de aver estado veinte dias a bordo sin hacer exercisio, y también del frió que comenzava ia) que tuve que tomar dos Purgantes para el recobro—. La Iglesia principal de los Quakaros (hai quatro o seis en la Ciudad) ó Quakermeeting que llaman, está en marketstreet cerca de la Casa de Ciudad; su arquitectura sumamente destituida de gracia, ni adorno: muchos bancos colocados por todas partes para conmodidad de la congregación; una pequeña tribuna, ó galería en que se acomodan los Predicadores apatentados (esto es que conosidos de la congregación por hombres piadosos é instruidos tienen Patente para ello, y gozan sierto grado de preeminencia en esta linea); y una divicion para las mugeres, todo con negligencia poco gusto, y no mucho aseo, son los únicos adornos que se ven en el interior del templo: á que se añade algunas Palmatorias de oja de Lata, arrimadas por las Paredes y Pilares, con sus veías de sebo, que dan una obscura iluminación al tiempo de celebrar
naban su pálido pecho sobre la baranda y atletas inmediatos y otra trágica en el patio a palos y trompadas. La asistencia era tan crecida, que aunque uno hubiese querido descartarse no podía salir y lo que es peor, ni aun moverse. En fin, cuatro horas de plantón pagaron mi curiosidad al primer espectáculo que me ofreció Filadelfia y los pies se me hincharon de tal modo (con motivo sin duda de haber estado 20 días a bordo sin hacer ejercicio, y también del frío que comenzaba ya) que tuve que tomar dos purgantes para el recobro. La iglesia principal de los cuáqueros (hay cuatro o seis en la ciudad) o "Quakermeeting" que llaman, está en Market Street, cerca de la Casa de la Ciudad. Su arquitectura carece de gracia y adorno; tiene muchos bancos colocados por todas partes para comodidad de la congregación; una pequeña tribuna o galería en que se acomodan los predicadores patentados, (esto es, que conocidos de la congregación como hombres piadosos e instruidos, tienen patente para ello y gozan cierto grado de preeminencia en esta línea) y una división para las mujeres, todo con negligencia, poco gusto y no mucho aseo, son los únicos adornos que se ven en el interior del templo. A esto se añade algunas palmatorias de hoja de lata, arrimadas a las paredes y pilares, con sus velas de sebo, que dan una oscura iluminación cuando celebran