Colombeia

retiramos á almorzar, y io después a mi posada á escrivir, y leer—á las 3 asisti en Casa de mr. Stewart donde comi en una larga compañía: después estuve á ver una embarcación cargada de caballos y ganado que se hiva á hacer á la vela para la Guadalupe, su porte eran 100 toneladas, y llevava 50 caballos y bueyes (ademas de obejas y carneros) en el modo que llevo explicado mas arriva, y sobre el mismo tinglado qe sirve para cubrirlas de una parte y otra, vá apaquetado el heno para mantenerlos: la cabeza de les animales va buelta para el centro de la embarcación, donde se les hecha la comida, y se les da el agua; después pasé en casa de mr. Coit á ver la librería del lugar, que aunque no excederá de 200 volúmenes son escogidos y de lo mejor — volvimos al Thé en Casa de mr. Stewart, y io me retiré a las ocho a mi posada á leer. 20. A las 6 de la mañana me llamaron los capitanes de botes que partían uno para Rodisland, y el otro para Long island— io después de aver considerado un poco resolví hir á esta última á hacer una visita á Mrs. Gardiner, y Dr. Gardiner de quienes recivi cartas de combite mui atentas el dia anterior—mi equipage se embarco, y á las 7 nos hicimos a la vela con el Cap Chark Truman (k), con viento fresco y favorable, la compañía era dos jóvenes comerciantes de NewYork, que aunque se comportaron con desencia, el uno era el ignorante mas atrevi­do que he visto; á las 12 del
retiramos a desayunar y luego me vine a mi posada a escribir y a leer. A las tres fui a casa de Mr. Stewart, donde comimos en numerosa compañía y luego estuve a ver una embarcación cargada de caballos y ganado que se iba a hacer a la vela para la Guadalupe. Su porte era de 100 toneladas y llevaba 50 caballos y bueyes, además de ovejas y carneros, en el modo que llevo explicado más arriba, y sobre el mismo tinglado que sirve para cubrirlos de una parte y otra, va empaquetado el heno para mantenerlos; la cabeza de los animales va volteada para el centro de la embarcación donde se les echa la comida y se les da el agua. Después pasé por la casa de Mr. Coit a ver la biblioteca del lugar, que aunque no sobrepasa doscientos volúmenes, éstos son escogidos y de lo mejor. Regresamos a casa de Mr. Stewart para tomar el té y yo me retiré a las ocho a mi posada a leer. 20 de agosto. A las seis de la mañana me llamaron los capitanes de los botes que partían, el uno para RhodeIsland y el otro para LongIsland. Después de haber reflexionado un poco resolví ir a ésta última para hacer una visita a Mrs. Gardiner y al Dr. Gardiner, de quienes había recibido el día anterior cartas muy atentas de invitación. Se embarcó mi equipaje y a las siete nos hicimos a la vela con el capitán Clark Truman —gran trapalón— con viento fresco y favorable. Los pasajeros eran dos jóvenes comerciantes de Nueva York que aunque se comportaron con decencia, uno de ellos era el ignorante más atrevido que he visto. A las doce del