Colombeia

No disponible.
encaminar una humilde representación a S. E., no obstante que ninguno de nosotros tenía apoderado que le representase. Cinco meses se pasaron después de nuestro arresto sin que se nos hubiese hecho saber la causa de él, ni se hubiese practicado con nosotros otra diligencia judicial que la de pedirnos los papeles, por haberse echado de menos entre los que nos quitaron al tiempo del arresto, precisamente aquellos que se deseaba arrancar de nuestro poder. Se entregaron éstos por inventario y entre ellos el que nuestros con­trarios llamaban la famosa conjuración, con otros documentos escritos por V. S. I. durante su enfermedad, capaces de hacer nuestra defensa por sí solos. Todos éstos son unos hechos constantes y sin duda que habrían de reputarse justos, si el dictamen de V. S. I. gozara el privilegio de prevalecer contra lo que dicta la razón natural para la calificación de la equidad en las providencias económicas. Sigamos adelante la relación y entremos en el dilatado campo de las declaraciones. Después de los cinco meses de profundo silencio, fueron a Tepotzotlán, Valera y Jáuregui, dependientes de V. S. L, habilitado el primero de Juez, y el segundo de Escribano, para formarnos el proceso. Preparado estaba cada uno de nosotros a justificarse de la conjuración y tal vez de asesinato u otro delito atroz proporcionado a la misteriosa y terrible prisión en que nos hallábamos. Pero ¡Oh Dios! Parturiunt montes… Luego que respondimos al cargo que nos hizo el juez comisionado sobre haber especificado la calidad del accidente de V. S. I., diciendo que para ello habíamos tenido todos los fundamentos necesarios, así como los demás sujetos que vieron a V. S. I. en aquella lastimosa situación, sin inquirir siquiera cuáles eran los tales fundamentos ni tomar en boca la decantada conjuración, las heridas, los correos, las hambres y demás maldades vociferadas; pasó a otras preguntas o cargos que pretendió hiciesen veces de indicios muy suficientes para haberse procedido en fuerza de ellos a nuestra