Colombeia

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de sales en las costas de Tampico o Coatzacoalcos, con quinientos pesos de sueldo anuales. Reflexiónese el carácter del empleo: los progresos que ofrece a unos jóvenes a quienes V. S. I. mismo consideró capaces de hacer mérito en una carrera de lucimiento; el paraje en que se había de servir, cuyo temperamento, habitado sólo de algunos mulatos e indios, es de los más abrasados de las Américas; y por último, el sueldo que alcanzaría para mantenernos con tortillas y pulque, y para vestimos de paño queretano. ¿Y será posible que V. S. I. no conozca que todas estas circunstancias nos quitaban el arbitrio de admitir semejantes empleos? ¿No se diría, si hubiéramos ido a ellos, que nos habían dado un honrado destierro? ¿Para unos secretarios del Ilustrísimo Señor Visitador General, era colocación correspondiente la de guarda almacenes de salinas? ¿Los que dentro de México tenían tres años ha, y a mil y quinientos y setecientos pesos de sueldo, en Tampico o Coatzacoalcos, se habían de con­tentar ahora con quinientos? ¿Los que estaban previstos para aquellos destinos brillantes, ofrecidos por V. S. I. en el Cabo de San Lucas y otros parajes sin hacer caso de las Intendencias, hábitos de órdenes militares y demás promesas que nos hacía en aquel calamitoso tiempo de que no nos queremos acordar, habían de venir a alternar con Benito de Ochoa, que según nos ha dicho obtendrá uno de estos empleos de la costa, de quien V. S. I. sabe muy bien la carrera y los méritos? No nos podemos persuadir a que V. S. I. quisiese darnos estas colocaciones, y más fácilmente convendremos en que fue pensamiento de la bizarría de Don Pedro Antonio Cossío, así porque confiriéndosenos los tales destinos, no se verificaba que nosotros no nos alejásemos de nuestro Jefe, que parece era la intención de V. S. I., como porque Cossío, poco versado en el manejo de este género de asuntos, pudo cometer este yerro más sobre los otros que le hemos notado en la prosecución del nuestro, intentando engañar a cada paso al Excmo. Señor Gobernador de VeraCruz y a nosotros, y haciendo consistir toda su política en no hablar una palabra sobre sus ideas o los encargos con que se hallaba. Sólo en los dos casos requeridos, hemos procedido con una especie de elección que se puede decir carecía de libertad. Si V.S.I. Está en