el concepto de que se nos han hecho ni insinuado otras proporciones, vive equivocado, y lo mismo si ha llegado a creer que éramos capaces de abrazar cualquier partido de esta clase a trueque de no salir de Nueva España. En todas partes podemos presentarnos con la frente serena, llevando dentro de nosotros mismos el testimonio más irrefragable de nuestra inocencia, y esperamos por la misericordia de Dios, que no en todas partes se nos cierren las puertas como en México, para la recompensa de nuestros tales cuales servicios y para la continuación de nuestro mérito en servicio del Rey.
Por lo que mira a la aserción que V. S. I. nos hace de habernos sido en sus acciones verdadero padre, convenimos en que. esto es cierto si se habla del tiempo que precidió al mes de octubre del año de 69. Desde entonces acá, las principales acciones de V. S. I. relativas a nosotros, han sido las que se refieren en esta carta; y si es propio de un padre, quitar la honra a sus hijos, atormentarlos con tantos y tan crueles trabajos que parecen ordenados a despojarlos de la vida, tratarlos y expulsarlos ignominiosamente del Reino, echar en olvido sus méritos y las promesas repetidas con que se les había lisonjeado, si todo esto, decimos, es propio de un padre, V. S. I. lo ha sido verdaderamente nuestro; y por no malograr ocasión alguna de manifestarlo, se aprovechó V. S. I. a su gusto aun de la asignación de los sueldos. A Viniegra y Azanza mandó V. S. I. abonarles a razón de setecientos pesos anuales y a Arguello al de quinientos. Azanza gozaba mil y quinientos pesos en México por Oficial Mayor de la Dirección de Temporalidades, y los otros del mismo señalamiento que ahora se les hizo; a aquel, pues, por el trabajo incomparablemente mayor que ha tenido en la Expedición, sirviendo en calidad de secretario de V. S. I., se le ha dado algo menos de la mitad del sueldo que se le pagaba en México y a los otros dos, que en un decreto de V. S. I. está declarado debían gozar de mayores asignaciones que cuando estaban en la capital, como que Viniegra, de Oficial Mayor de la Secretaría, ascendió a secretario y Arguello, de Oficial Segundo subió a Primera, se les ha satisfecho al respecto de los salarios antiguos. Ni vale decir que nada hemos gastado en mantenernos durante la expedición. En esto V. S. I. y nosotros somos iguales; y sin embargo,