por casa á soltar el peso, y tomando un Servitór di Piaza que ia me avia hecho buscar (pr. 4. pao: al dia) marche á S. Pietro No me hizo este edificio á primera vista, aquella sublime impresión, que io esperava: pareciendome que le faltava magestad, y sencillez la Colota sin embargo, el Obelisco, y las dos fuentes no me parecían destituidas de estas dos cualidades, y me agradavan mucho más—en fin, entre por il Pórtico, y á la Yglesia sorpreso de la grandor, y multitud de Cosas que se agrupavan por todas partes, mas sin poder formar juicio, y la imaginación llena de innumerables ideas que no podia digerir; y asi después de avér paseado como en confuso toda la Yglesia interiormte. Pr. Tres oras de tiempo, me Sali con animo de bolvér muchas veces á examinar el propo objeto.—fuime á la Piazza di Spagua para ver si podia encontrar un buen alojamiento; mas quantos vi eran malos, ó carísimos, por motivo de que en este parage han ado la inania de alojarse todos los extrangeros, y los Yngleses particularmte. Que han fomentado alli un Café famoso, que se llama il Café Ynglese… finalmte. Me retiré á mi posada á comer á las 3., donde encontré á mi Compo que tampoco avia podido encontrar nada bueno aun—mas después de comer se recordó de cierta persona, y fuimos allá juntos; donde por fortuna encontramos mui buenas gentes, buen alojamiento con almuerzo, comida, y sena, y mui buen parage todo por 8 pao: al dia en Casa de la Segna Anna Manzoli in Strada Pápale vicino á Chiesanuova; en el mis
por casa a soltar el peso y tomando un «servitore di piazza» que ya me había hecho buscar —por cuatro páolos al día— marché a San Pedro. No me hizo este edificio, a primera vista, aquella sublime impresión que yo esperaba, pareciéndome que le faltaba majestad y sencillez. La colonnata sin embargo, el obelisco y las dos fuentes, no me parecían destituidas de estas dos cualidades y me agradaban mucho más. En fin, entré por el pórtico a la iglesia, sorprendido por su grandeza y la multitud de cosas que se agrupaban por todas partes, mas sin poder formar juicio y la imaginación llena de innumerables ideas que no podía digerir. Y así, después de haber paseado confuso toda la iglesia interiormente por tres horas de tiempo, me salí con ánimo de volver muchas veces a examinar el propio objeto. Fuíme a la Plaza de España para ver si podía encontrar un buen alojamiento, mas cuantos vi eran malos o carísimos, por motivo de que en este paraje han tomado la manía de alojarse todos los extranjeros y particularmente los ingleses, que han fomentado allí un café famoso que se llama el «Café Inglés». Finalmente me retiré a mi posada a comer a las tres, donde encontré a mi compañero que tampoco había podido encontrar nada bueno aún. Mas después de comer se recordó de cierta persona y fuimos allá juntos, donde por fortuna encontramos muy buenas gentes, buen alojamiento con almuerzo, comida y cena y muy buen paraje, todo por ocho páolos al día, en casa de la signora Anna Manzoli, en la strada Pápale, vecino a la iglesia Nuova en el mis