general lina sobrilla encarnada, lo qe. distingue estos Principes de la Yglesia (como los Rom: dicen) y les dá el derecho de precedencia, y atropellar pr. todas partes.—El pretendiente que llaman (un viejo decaido) y su hija, qe. párese mui buena moza estavan alli: como tambn. il Nipóte qe. es decirlo todo, y este Sigr. Pricipe Regnante lleva mas fausto, y es mas respectado, y temido en Roma, que el emperador en Viena—mas el que mas me dio en visera pr. su pompa y vanidad, fue el Embaxadór de Portugal… cuio vestido (galoneado hasta por las costuras, como lacayo) equipaje, y librea cargado todo de oro y plata mas anunciavan la vanidad y la ignorancia, que la discreción, y el buen juicio de dho. Sr. Ministro.—en fin al abe maria nos retiramos, tomando de paso nros. ciados en el coche al arco de Carbognano en el Corso, y estuve en casa hasta la hora del Theaíro, que en Compa d'il Cave. fui á Fordinaria, ó PallaCordo, como se dice, este es el mas concurrido pr. la gente inferior, y puedo asegurar que vi varios espectadores que avian pagado sus dos, ó tres pao: a la puerta sin camisa baxo la Chupa… mas tal es el caso en esta Ciudad, donde un infeliz venderá su única ropa, y una mugér se prostituirá al primero para hir á esta disipación detextable.—á las 10, me retiré a Casa, sumamte. combencido pr. la lección antecedente quanto influie el exemplo, y la educación en la formación de un Pueblo qualquiera!
30.
Temprano nos peinamos &c, y fuimos il Sige. D. Giovanne,
general una sombrilla encarnada, lo que distingue estos Príncipes de la Iglesia, como dicen los romanos, y les da el derecho de precedencia y el de atrepellar por todas partes. El que llaman el «Pretendiente» 66 un viejo decaído y su hija, que parece muy buena moza, estaban allí, como también «il Nepote» 67 que es decirlo todo, y este señor Príncipe reinante lleva más Fausto y es más respetado y temido en Roma que el Emperador en Viena. Mas el que más me dio en visera por su pompa y vanidad fue el embajador de Portugal, cuyo vestido —galoneado hasta por las costuras, como lacayo— equipaje y librea, cargado todo de oro y plata, más bien anunciaban la vanidad y la ignorancia que la discreción y buen juicio de dicho ministro. En fin, al Ave María nos retiramos, tomando de paso nuestros helados en el coche, al Arco del Carbognano, en el Corso y estuve en casa hasta la hora del teatro, que en compañía del Caballero fui a Fordinona o Pallacorda, como se dice. Este es el más concurrido por la gente inferior y puedo asegurar que vi a varios espectadores que habían pagado sus dos o tres páolos en la puerta, sin camisa bajo la chupa. Mas tal es el caso en esta ciudad, donde un infeliz venderá su única ropa, y una mujer se prostituirá al primero para ir a esta disipación detestable. A las diez me retiré a casa, sumamente convencido por la lección antecedente, de cuánto influye el ejemplo y la educación en la formación de un pueblo cualquiera.
30 de enero
Temprano nos peinamos, etc., y fuimos el señor Don Giovanni y Don