estos restos en mi concepto dan mas perfecta idea del grandor, magnifisencia, y exquisito gusto pr. la pintura de los Romanos en este genero de edificios, que ningún otro monumento de la Ytalia!—y sin lo qe. han querido formar opinion de la pintura antigua, pr. las qe. se vén en el Palacio de Portici en Ñapóles, huviesen examinado estas desde luego habrían hecho otro juicio. Concluida esta fatigosa aunqe. mui agradable excursión subterránea, nos despedimos de nuestros corteses Canónigos, y dirigimos nuestros pasos al celebérrimo Amphiteatro de Flavio, llamado comunmte. il Colosseo:—este seguramente es el mas soberbio y mas bien entendido edificio de quien conoscamos las ruinas!... la parte exterior, de quien conoscamos las ruinas!... La parte exterior, de quien mas de la mitad está destruida, produce no obstante el efecto mas admirable, y gustoso de quantos edificios se pueden ver en Roma ó en el mundo entero; véase de fuera, ó dentro de la (Mudad y en la distancia que se quiera.—su figura es elíptica, decorado externamte. De quatro ordenes de arquitectura Do:, Jo: Cor: y Com:, los tres primeros están en columnas embutidas quasi por la mitad en el muro; y el quarto de Pilastras poco salientes, pero qe. Sostienen sin embargo un Cornizon baliente qe. Termina noblemte. La liarte superior, entre estas pilastras no hai sino pequeñas ventanas quadradas; mas entre las columnas de los tres otros ordenes se ven 80 arcos (antiguamente adornados de estatuas) que dan ingreso a un Pórtico doble que corre por todo el rededor del edificio—la parte interna está casi toda destruida, mas sin embargo io montó hasla su ma
Estos restos, en mi concepto, dan más, perfecta idea del grandor, magnificencia y exquisito gusto por la pintura de los romanos en este género de edificios, que ningún otro monumento de Italia. Y si los que han querido formar opinión de la pintura antigua por las que se ven en el Palacio de Portici, en Nápoles, hubiesen examinado éstas, desde luego habrían hecho otro juicio. Concluida esta fatigosa, aunque muy agradable excursión subterránea, nos despedimos de nuestros corteses canónigos y dirigimos nuestros pasos al celebérrimo Anfiteatro de Flavio, llamado comúnmente «II Colosseo». Este seguramente es el más soberbio y más bien entendido edificio del que conozcamos las ruinas. La parte exterior, de la que más de la mitad está destruida, produce no obstante, el efecto más admirable y gustoso de cuantos edificios se pueden ver en Roma o en el mundo entero, véase de fuera o dentro de la ciudad, y en la distancia que se quiera. Su figura es elíptica, decorado externamente de cuatro órdenes de arquitectura dórico, jónico, corintio y compuesto. Los tres primeros están en columnas embutidas, casi por la mitad, en el muro, y el cuarto, de pilastras poco salientes, pero que sostienen sin embargo un cornizón saliente que termina noblemente la parte superior. Entre estas pilastras no hay sino pequeñas ventanas cuadradas; mas entre las columnas de los otros tres órdenes se ven 80 arcos, antiguamente adornados de estatuas, que dan ingreso a un pórtico doble que corre por todo el rededor del edificio. La parte interna está casi toda destruida, mas sin embargo yo monté hasta su ma