Colombeia

(33 bers:) aqui vinieron inmediatamte., y pr. que me llevasen pronto para ver moscou con de dia les ofrecí, pagar 4. Cabs., y qe. pusiesen 6.—mas mi bribón de postillón les dixo que io le avia pagado 5., y estos picarones comensaron á pretender lo mismo, sin embargo del ajuste… les amenazó con el garanich, y entonces comensaron á trabajar… o que desagradable situación para un pobre viajante extrangero!—en fin pr. sendas intransitables, y desnucaderos (aunque el camino aqui no es tan malo, como el anterior) avistamos la Gran Ciudad de moscow (32. bers:) cuia meseta de Palacios, jardines, y Chozas todo junto, le dá alguna similitud con Constantinopla—sobre el camino hai varias casas de Campo mui bien situadas, con abundancia de Arboles, alamedas al rededor, y las cercanías de la Ciudad pr. todas partes paresen sumamte. agradables y pictorescas.—como estas gentes que están obligadas á Consumir tanta leña, han podido preservar tantísimos bosques; es cosa que no entiendo!—A las 9. p. m. con de dia llegué á la Ciudad la qual atravesé en busca del palacio, ú otél del mariscal Romaintzow… me llevaron justamte. á otra parte Palo del mismo marechal, que avita oi el Genl, maior Bakoanin. y alli estuve mas de media hora, hasta que me dieron un Criado para Conducirme… mas es particular, que
33 verstas. Aquí vinieron inmediatamente, y para que me llevasen pronto para ver Moscú de día, les ofred pagar cuatro caballos y que pusiesen seis. Mas mi bribón de postillón les dijo que yo había pagado cinco, y estos picarones comenzaron a pretender lo mismo, sin embargo del ajuste. Les amenacé con el «garaniche» y entonces comenzaron a trabajar. ¡Oh, qué desagradable situación para un pobre viajante extranjero! En fin, por sendas intransitables y desnucaderos, aunque el camino aquí no es tan malo como el anterior, avistamos la gran ciudad de Moscú—32 verstas—cuya meseta de palacios, jardines y chozas todo junto, le da alguna similitud con Constantinopla Sobre el camino hay varias casas de campo muy bien situadas, con abundancia de árboles, alamedas alrededor, y las cercanías de la ciudad por todas partes parecen sumamente agradables y pintorescas. ¡Cómo estas gentes, que están obligadas a consumir tanta leña, han podido preservar tantísimos bosques, es cosa que no entiendo! A las nueve p.m., de día, llegué a la ciudad, la cual atravesé en busca del palacio u hotel del Mariscal Rumantzov. Me llevaron justamente a otra parte, palacio del mismo Mariscal, que habita hoy el General Mayor Bakunin, y allí estuve más de media hora, hasta que me dieron un criado para conducirme. Mas es particular que